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Botellas, etiquetas, corchos, cápsulas, formas, colores, materiales, modelos y diseños que contienen un producto fascinante y único. Hay cada vez más cuidado en la presentación de los vinos argentinos, siguiendo el estilo de los principales países productores. Las ortodoxas reglas que regían otrora fueron modernizándose -aun las francesas-, en parte por las libres influencias californiana y australiana, y luego guiada por la creatividad de los nativos. Las botellas son las que siguen más las pautas clásicas; las etiquetas, lo más loco; los tapones poco se han modificado (pero amenaza la llegada del plástico), y las cápsulas cambian el plomo por materiales de colores brillantes que identifican las líneas de cada bodega.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La etiqueta Es el documento de identidad de un vino. Debe llevar ciertos datos ineludibles y, ortodoxamente, en un orden establecido, no demasiado estricto entre nosotros. Sin embargo, hasta hace un siglo casi no existían, en otros tiempos el vino se vendía de la barrica y se servía en jarras o lo que hoy se usa como decanter. Algunos llevaban chapas de plata colgadas, que identificaban muy en general el producto: simplemente tinto, blanco, oporto... así como los sommeliers llevaban colgada del cuello la tacita de plata para probar el vino.

Ahora en cada país o región la etiqueta está sujeta a diferentes requisitos legales, uno de los infaltables es el contenido de la botella, por ejemplo 750 ml (tres cuartos de litro), que aparece en el ángulo inferior izquierdo. En otro ángulo debe figurar el volumen de alcohol, por ejemplo 12.5%, que significa 12.5 grados de alcohol. El nombre de la bodega encabeza la etiqueta, y luego va el tipo de vino -Chardonnay, Malbec-, el año de cosecha, la región, la provincia, el país, si es reserva u otra distinción -DOC (denominación de origen controlada)- si está envasado en la bodega.

La contraetiqueta -enla parte opuesta de la botella- amplía la información de la etiqueta, y suele llevar ciertos datos técnicos de elaboración, como el tiempo que el vino pasó en madera, y recomendaciones como tiempo de guarda o temperatura de servicio.

Botellas El vidrio es un material inerte inigualable para encerrar el vino, aunque actualmente se usan cajas y botellas plásticas para los más baratos, destinados a un consumo rápido. El grosor del vidrio es un indicativo de calidad, y la forma de las botellas sugiere el tipo de vino, pero hoy hay más libertad de diseño.

El tamaño estándar de 750 ml parece ser el contenido de aire de los pulmones cuando se soplan las botellas. La forma cilíndrica obedece a razones prácticas de almacenamiento, mientras que el diámetro del cuello tiene que ver con el grosor de la lámina de corcho de la que se cortaban los tapones. Hay dos formas de botellas de vinos tintos: la Burdeos y la Borgoña. La primera es derecha y estrecha con hombro alto, para los vinos de la región del sudoeste de Francia que se elaboran con cortes de cabernet sauvignon y merlot. La segunda, más ancha, con forma evasée sin hombro marcado es para los de Borgoña, elaborados básicamente con pinot noir. El color oscuro del vidrio, verde o caramelo, tiene la intención de preservar al vino del efecto oxidante de la luz. La botella Burdeos transparente se usaba para los blancos de cepajes originarios de esa región francesa, como el sauvignon blanc y el semillón destinados a consumo rápido. La botella estándar de Borgoña blanco es amarillo verdosa -color de hoja muerta- y se utilizaba para los blancos más secos y madurados en barricas de roble, como el chardonnay, pero actualmente aun en Francia se usan indistintamente. Las más altas y estiradas, de vidrio caramelo oscuro son tradicionales para los vinos del Rin -Riesling-, las verdes para los Mosela.

En su gran mayoría, el tamaño de las botellas es de 3/4 de litro, salvo las pequeñas de 355 ml usadas en los aviones, pero estas aceleran el proceso de envejecimiento. Las de 500 ml, altas y elegantes, son prácticas para el restaurante, ya que la cantidad es la suficiente para dos personas que beben moderadamente.

Corcho Es un material inerte ideal para taponar las botellas: liviano, elástico y suave, no permite la entrada de aire, el enemigo número uno del vino. Pero el precio cada vez más alto hace que los productores estén pensando en nuevos materiales. En la Argentina se están probando los de plástico, a modo de experiencia, pues no se sabe cómo se comportarán tanto los tapones como los vinos.

Los tapones de mejor calidad son los de un largo de 6 centímetros con pocas vetas. Los reconstituidos se rompen al abrir las botellas, un detalle que no habla bien del vino mismo.Cada bodega marca sus corchos con ciertas inscripciones y motivos identificatorios, algunos son realmente dignos de coleccionar. El plástico nunca podrá aportar tantos datos como el corcho: el color y el olor que develan sus virtudes y defectos en el momento de liberarlo del encierro en la botella. Las cápsulas ya no son más de plomo, prohibido en 1993 por dejar un depósito tóxico en el borde de la botella. Son de materiales sintéticos y de colores.

El cristal Es otro acompañante fiel del vino. La copa ha evolucionado al compás del producto. Comenzó desechando el grueso cristal tallado y el de color, que no permiten esa primera experiencia visual que dice desde el cepaje hasta la edad del vino, si está sano o al borde de la tumba. Siguió la revolución de las formas, la copa de degustación, hace pocos años el descubrimiento de que hay diseños beneficiosos para cada cepaje, porque al mandar el líquido a cierta zona de la boca se notan las características diferentes de unos y otros. La copa algo cerrada en el borde es indiscutible para mantener los aromas prisioneros en el espacio creado desde la superficie del vino. Las recta ligeramente inclinada hacia adentro es el último modelo en boga, algo diferente del anterior de pared curva, todas de pie largo para poder tomarlas sin calentar el cuerpo. La copa de tinto necesita más espacio para expandirse y el blanco, que se bebe fresco, pide una copa mediana y se sirve con frecuencia para que no pierda temperatura -siempre un tercio del volumen-, pero se puede simplificar con un solo tamaño. De cristal o de vidrio existen en el mercado varias marcas de modelos bastante similares y buena variedad de precios, lo importante es que el material sea fino y la copa termine sin reborde.

Decanters Aunque los vinos modernos no contienen depósito -por lo que antiguamente se decantaban o transvasaban-, hoy los decantadores son muy usados para acelerar la aireación del vino. Hay decanters de diseños modernos que visten muy bien la mesa, y si bien no son indispensables, el tinto gana al ser transvasado. Con el decanter inclinado, el vino se deja correr por el cuello para que en su recorrido se oxigene, luego se deja tranquilo unos minutos y se sirve. Los botellones de las abuelas, y hasta una jarra clásica pueden ser utilizados para este procedimiento, lo bueno es que sean recipientes transparentes y lisos, de cuerpo amplio, para aumentar la superficie de exposición al aire.

 

 

 

 

 

Texto: Alicia Delgado
Fotos: Silvio Zucheri
Fuente

Paginas de Vinos


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